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| Fotografía: Alejandro Muñoz |
Al levantarme y ver el Guayacán que protege mi casa del sol, me pregunté qué podrían tener estos árboles que embellecen la ciudad con su intenso tono amarillo. Siempre he disfrutado del centro de mi ciudad, me parece histórico, particular, con una mística de esas que me atraen a simple vista, por eso decidí salir a recorrerlo en busca de los "Palos Santos" o guayacanes. 3:00 pm, 29 grados de temperatura, mi recorrido comenzó en la plaza San Antonio del centro de Medellín, entre las calles Maturín y San Juan. En medio de la plaza se posaba ante la mirada de turistas y ciudadanos un Guayacán, de esos que se distinguen a kilómetros. Descrestados ante tal belleza e intenso color, le hacían fotos en medio del calor, que por los meses de enero y febrero acoge a la ciudad. La belleza de sus flores y su imponente forma lo hacían parecer un sauce en medio del bosque, entre el color amarillo de sus flores y el azul del cielo, parecía retomar vida y movimiento. En pleno centro de la ciudad se convertía en un verdadero espectáculo para admirar.
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| Fotografía: Alejandro Muñoz |
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| Fotografía: Alejandro Muñoz |
Este ejemplar de madera fina y propiedades curativas demostró ante la cantidad de gente ser un verdadero guerrero, pues del calor inclemente y la contaminación de los autos, su belleza parecía retomar más fuerza. Barrio Boston, 3:45 pm, muy cerca a la Placita de Flórez, pude observar otro 'Guayaco' de estos. Allí, haciendo algunas fotografías, abordé a Rosalba Alzate, una amable señora que vende rosas y girasoles en el sector. "Hola joven ¿cómo está?", me dijo. Con su saludo pude percibir una calidez y energía, solo comparable con la de mi abuelo que ya pasa de los 80 años. -¿Qué belleza no?- le dije, mientras miraba hacia el árbol. "La alegría de ese color amarillo se mezcla con la ciudad, esta ciudad es muy alegre", me dijo con una sonrisa que se dibujaba en todo su rostro. "Estos árboles también combinan con las flores que yo vendo aquí y hasta con mi pelo que lo tengo de color amarillo, pero no tanto como el de ese Guayacán", me expresó en medio de sus leves carcajadas. "Joven, le dejo que no puedo descuidar el negocio", fueron las palabras con las que finalizó la conversación sobre el árbol. 4:45 pm, una temperatura de 28 grados hacían del Guayacán y sus alrededores la toma perfecta para una escena de película. Entre la carrera 46 y la calle 65 del barrio Villa Hermosa, el suelo donde se erige este hermoso ejemplar de la naturaleza, era comparable con una alfombra confeccionada con las más finas sedas. Un trabajador que recogía bultos de arena para echarlos a un camión contiguo al 'Guayaco' me hizo saber que no estaba para hablar del árbol, solo para recoger la gran cantidad de flores amarillas que caían de él y seguir con su trabajo. Los vientos suaves y constantes, que caracterizan la ciudad, hacían que cada flor del árbol cayera en una lentitud perfecta para la foto.
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| Fotografía: Alejandro Muñoz |
Cuando caía la tarde y descendía la temperatura se me hizo perfecto caminar entre las históricas calles del memorable barrio Prado Centro, lugar que nació en los años 20´s del siglo pasado y donde seguí observando más de estos árboles que se fusionaban con el agradable clima. En la Carrera 50 del histórico sector, que se acaba día a día ante la mirada de la administración y el gobierno, pude ver otro de estos ejemplares que reconocí fácilmente desde lejos. Sus flores teñían de un hermoso color las calles del barrio. El intenso amarillo parecía ser el color complementario de las viejas pinturas que recubren los históricos palacios de las clases sociales más altas de antaño.
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| Fotografía: Alejandro Muñoz |
Entre los barrios Boston, Prado Centro, Villa Hermosa y Buenos Aires, se pueden observar gran cantidad de guayacanes floreciendo durante los primeros meses del año. A eso de las 6 de la tarde, ya las flores amarillas hacían parte del paisaje de la noche y el placentero clima de la hora, hicieron el momento perfecto para terminar el recorrido. Desde allí, concluí que uno de los lugares preferidos de estos elevados 'Guayacos' amarillos es el centro de la ciudad, lugar donde se estiran, acompañados de sus hermosas flores, hasta alcanzar unos imponentes 35 metros de altura.