En filosofía, Platón considera la esencia como una idea o forma inmutable de las cosas inmateriales. En química, es una sustancia formada en la mezcla de hidrocarburos que finalizan con un líquido de olor particular. En perfumes, la esencia es una sustancia con aroma específico. En gastronomía, las sustancias vegetales que sirven de condimento y las especias son la esencia de la cocina. En música, la esencia es la pasión. En fútbol, la esencia es la emoción y el espectáculo traducido en goles. La esencia de la astronomía es el el sistema solar. Para Feuerbach, la esencia es la individualidad donde la razón, la voluntad y el corazón se funden en uno solo.
Para mí, la esencia es eso particular con lo que nacemos, desde la primera sonrisa que ve nuestra madre, nuestras primeras palabras, nuestros gestos inconscientes, la forma en que interpretamos el mundo, esa es nuestra esencia, la que nos acompañará hasta cuando seamos adultos y después viejos. Algunos sonrientes, otros optimistas, otros fuertes, otros disciplinados, otros graciosos, otros tranquilos, la esencia siempre los acompañará. Yo, por ejemplo, soy optimista, me río de bobadas, me fascina la gente tranquila, que hable de algo, que piense algo. Me gusta la gente humana, la que siente, la que ríe, la que llora, la que vive. Disfruto salir una mañana, a eso de las 6 am en mi moto, mientras veo el amanecer camino a la universidad, eso me hace sentir vivo. La música, melómano hasta el cansancio, pero la música que me transmita algo, no importa su género. La esencia, eso particular de cada persona, es lo que se mantiene en los años, en el tiempo y en la eternidad.