
5:45 PM, atardecía aquel día en la hermosa llanura, entre las ramas secas que se veían en contraluz por la caída del sol, iba caminando él. A un costado un inmenso lago reflejaba de manera increíble el naranja del sol, era una tarde bella, de esas que te llenan de energía y te hacen contar segundo a segundo el descenso del sol en el horizonte. Vestía un jean desgastado color mostaza, una camisa púrpura con betas negras, y unos zapatos marrón sin cordones ya desgastados por los incontables trayectos que tenía que hacer desde su casa hasta el maizal. Sonreía mientras caminaba, tal vez pensando en Irene, aquella chica que llegaba a trabajar mas temprano que él, le hablaba dos segundos al día para saludar y se iba una hora antes de terminar el turno de los hombres. Tocaba el suelo con su varita, como buscando alguna roca o un objeto que hiciera más interesante ese largo viaje. Mientras caminaba volteó su mirada y junto a ella su sonrisa; en un instante parecía correr mas lenta la acción, su sonrisa se amplió al mirar el agua del lago, sus ojos, color café con pequeñas pecas alrededor, se iluminarón al ver el tono de aquella tarde que se fundía con el verde esmeralda del agua.

En pocos minutos y sobre su largo trayecto a casa se oscureció la llanura, el lago verde esmeralda, ahora lucía con un elegante negro profundo que podía reflejar algunas de las estrellas que se pintaban en el cielo. Las ramas ya lucían como sombras y el sol se había convertido en un inmenso halo de luz amarillo oscuro, similar a la arena húmeda. El solo podía ver una gran silueta borrosa en lo mas alto del firmamento porque su vista no era de las mejores. Su jean y su camisa ya hacían parte del escenario, él era una sombra al final del día, su trayecto a casa lo hacía en un suspiro porque después de la caída del sol simplemente seguía la luz que se reflejaba en el lago y solo se escuchaban los pasos de sus zapatos marrones sobre el polvoriento suelo. Así, día a día, el camino, el viaje a su hogar, se vestía de muchos colores, el atardecer jugaba con el bosque, los rayos del sol con el lago y él con su varita que lo conducía por un camino que lo hacía entender que el trayecto siempre sería diferente, pero el hogar el mismo...